Bien entrado el otoño, todavía nos fijamos si tenemos suficiente repelente de mosquitos y tabletas para ahuyentarlos mientras dormimos. En cualquier lugar que vemos uno volando cerca, nos da un ataque de pánico que nos lleva a buscar eliminarlo desesperados. Y si los reflejos nos fallaron y se nos escapó, nos quedamos incómodos y obsesionados con que nos atacarán las orejas por detrás, donde nuestra vista periférica no los detecta. Hoy fui al supermercado por comida para los animales y busqué sólo con curiosidad por ahora si vendían barbijos. Sin importar la temperatura saldremos a la calle con mangas largas, tela gruesa, guantes de goma, con la cara cubierta por un barbijo, y un tufo a repelente que los perros callejeros huirán despavoridos creyendo una invasión de extraterrestres.
El dengue y la gripe porcina van de a poco cambiando nuestro día. La ansiedad está a punto de ebullición. Acabo de leer que la Organización Mundial de la Salud y el Centro de Control de Enfermedades de los EEUU declararon el estado de emergencia 5 (sobre 6) y el título de La Gaceta describe la pandemia como inminente. Las computadoras ya vienen de bolsillo, y los chips nos permiten celulares con cámara, música, películas, Internet y Windows. Pero los científicos no han logrado producir aún una vacuna ni ninguna otra solución para esta amenaza latente. Y una vez producida, qué nos asegura que sea efectiva? En 1976 los EEUU produjeron una vacuna trucha que fue administrada a 45 millones de americanos, con un gasto de 135 millones de dólares en todo el andamiaje de este supuesto salvataje. El virus no se transformó en pandemia entonces -como ahora, pero aún así la vacuna probó ser ineficaz. Y peor aún, les cayó mal a miles de personas y el gobierno terminó pagando otros 90 millones en juicios por daños y perjuicios.
Los habitantes del siglo 21 dejamos de preocuparnos por el terrorismo y la ortodoxia fundamentalista para buscar sobrevivir los imperceptibles bichos que nos llegan por mosquitos y otros seres humanos infectados. Es propio de ciencia ficción. De ahora en adelante, creo que leeré solamente las secciones de deporte y espectáculo de los diarios y revistas. Es mejor enterarse que el presi Evo Morales hubiera preferido que Argentina le ganara a Bolivia en La Paz para reforzar su caso en contra de la prohibición de la FIFA a jugar eliminatorias en la altura. O que esta semana podremos ver que Wolverine en realidad nació en el siglo XIX antes de unirse a los X-men en la piel de Hugh Jackman.
En un futuro no muy lejano, digo yo, cómo harán los jugadores de fútbol y los tenistas para moverse tras la pelota con sólo los ojos descubiertos? O simplemente serán mutantes inmunes a los microorganismos los atletas que nos entretengan?
Wednesday, April 29, 2009
Saturday, April 11, 2009
Semana Santa
Ayer viernes santo, todo el día hasta entrada la noche reinó una tranquilidad de domingo a la mañana. Fue edificante.
Es porque somos en su mayoría un pueblo católico y todos estaban en recogimiento por el día en que se rememora la crucifixión de Jesús? O es simplemente que la mayoría estuvo haciendo fiaca tranquilos en casa con largas siestas reparadoras? Ojalá la respuesta esté más cercana a la primera pregunta.
Como fuera, esta mañana leí que como veinte mil personas participaron del via crucis de la capital, el mismo que escuché brevemente en algún momento en casa. Parecía que toda la ciudad estaba en una inmensa misa comunitaria. O la mayoría al menos - yo no participé. Respeté el silencio de los demás y me mantuve en casa también disfrutando de la paz en el aire cálido de este mentiroso otoño.
Me pregunté cómo sería compartir esa comunidad con los demás. Lo que más me atrajo en los últimos años de las misas, ha sido el sentido de comunión entre el gentío que llena los templos. No me atraen tanto sus manifestaciones de fe como el magnetismo del sentimiento compartido. Las misas de las que no he podido escapar en el colegio me han llegado bastante por este motivo. No sé qué tan reprobable será eso. Pero, bueno, no me la juego de practicante.
Católico apenas, y gracias. Renegante del cura Ratzinger, que me provoca un rechazo medular. Respetuoso de la grey que sí acude al llamado de las campanas. Envidioso de la fe incuestionable de los sumisos. Más marxistoso que occidental en la visión de la religión como opio de la sociedad. Escéptico de la promesa de vida después de la muerte. Creyente de la existencia de un Poder Superior cuya energía acompaña o guía la del Universo. Espiritual de valores humanos básicos. Servidor del aula por vocación. Cumplidor del trabajo como apostolado. Prestatario de los rezos católicos a falta del conocimiento de otros. Ferviente conversador diario con la Energía Superior. Meditante solapado y cuestionador de cuanta creencia se precie de dogmática. Demasiado consciente de mi insignificancia existencial y de la trascendencia a través de los pequeños actos de amor.
Todo esto haría elevar las escépticas cejas de los que viven en la profesa humildad del cristiano católico apostólico romano de amplias y magnánimas orejeras.
Aún así, el domingo de Pascuas y Resurrección, tendré muchos para recordar y algo para pensar.
Es porque somos en su mayoría un pueblo católico y todos estaban en recogimiento por el día en que se rememora la crucifixión de Jesús? O es simplemente que la mayoría estuvo haciendo fiaca tranquilos en casa con largas siestas reparadoras? Ojalá la respuesta esté más cercana a la primera pregunta.
Como fuera, esta mañana leí que como veinte mil personas participaron del via crucis de la capital, el mismo que escuché brevemente en algún momento en casa. Parecía que toda la ciudad estaba en una inmensa misa comunitaria. O la mayoría al menos - yo no participé. Respeté el silencio de los demás y me mantuve en casa también disfrutando de la paz en el aire cálido de este mentiroso otoño.
Me pregunté cómo sería compartir esa comunidad con los demás. Lo que más me atrajo en los últimos años de las misas, ha sido el sentido de comunión entre el gentío que llena los templos. No me atraen tanto sus manifestaciones de fe como el magnetismo del sentimiento compartido. Las misas de las que no he podido escapar en el colegio me han llegado bastante por este motivo. No sé qué tan reprobable será eso. Pero, bueno, no me la juego de practicante.
Católico apenas, y gracias. Renegante del cura Ratzinger, que me provoca un rechazo medular. Respetuoso de la grey que sí acude al llamado de las campanas. Envidioso de la fe incuestionable de los sumisos. Más marxistoso que occidental en la visión de la religión como opio de la sociedad. Escéptico de la promesa de vida después de la muerte. Creyente de la existencia de un Poder Superior cuya energía acompaña o guía la del Universo. Espiritual de valores humanos básicos. Servidor del aula por vocación. Cumplidor del trabajo como apostolado. Prestatario de los rezos católicos a falta del conocimiento de otros. Ferviente conversador diario con la Energía Superior. Meditante solapado y cuestionador de cuanta creencia se precie de dogmática. Demasiado consciente de mi insignificancia existencial y de la trascendencia a través de los pequeños actos de amor.
Todo esto haría elevar las escépticas cejas de los que viven en la profesa humildad del cristiano católico apostólico romano de amplias y magnánimas orejeras.
Aún así, el domingo de Pascuas y Resurrección, tendré muchos para recordar y algo para pensar.
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