Sunday, December 23, 2012

Resolución del nuevo año


Compró el bonsai que más le llamó la atención de los que había en los estantes. Fue a su lugar y le encontró un lugar apropiado en una esquina de su terraza, donde podía divisarlo desde su sala de estar. Le conmovía su entereza tranquila y diminuta, para los taoístas símbolo de la eternidad, puente entre lo divino y lo humano, entre el cielo y la tierra. Lo observó todos los días desde entonces y se propuso cuidarlo como a su perro y a su gata, mimándolo al vertirle agua dos veces al día de acuerdo a las instrucciones. Con el paso de las horas, todas las plantas de su terraza parecieron reverdecer como reflejo del pequeño nuevo integrante. Encontró paz en su armonía y pudo finalmente quitarse de la cabeza los detalles desperdigados de las últimas semanas de trabajo del año. Intentaba dejar su mente en blanco y sólo contemplar los suaves bordes de las hojas del buxus. Por momentos, romantizaba la idea de realmente perder la memoria, ya que su mente parecía estar atiborrada de obligaciones y sentimientos encontrados. Cada vez que se perdía en la firmeza del pequeño tronco y la heterogénea copa de ramillas, no importaba recordar. Concluyó que intentaría borrar los hechos, lugares y gestos inútiles de ese año ya pasado, y sólo guardar las imágenes y las sonrisas que valían la pena, atesorarlas cálidamente en algún rincón de su memoria.