Sunday, October 4, 2009

un domingo cualquiera

Parado en el medio de la vida, mira a lo lejos y no llega a distinguir mucho a pesar de lo positivo de su visita al oculista. Y bueno, será el aire viciado de Tucumán en plena primavera seca, se dijo. Entonces, miró más cerca, a su alrededor, y todo parecía estar en su lugar aún. Ya más de cerca la vista volvía a nublársele. Aunque no podía distinguir los números y letras del celular tanteó marcar igual para llegar a la llamada cálida y reaseguradora. Pero entró la contestadora automática antes del tono de llamado. Qué extraño, pensó. Decidió continuar la marcha y resolver el problema de qué almorzar, o dónde conseguir fruta para hacer más jugo. Todo en pos de cuidar su osamenta.

'So, let's talk about you... What do you think of me?' The line in the commercial was indelibly stamped in her memory. She turned around, and he wasn't in the sofa. She looked at the keychain holder and his car keys were gone. She realized he had left, silently and without saying goodbye.

La gente para quien sos lo suficientemente importante como para que busque molestarte se rehúsa a entrar en tu pasado. Entonces tratás de enfocarte en la siguiente curva del camino y pensás que cuando la hayas dejado atrás, los quejidos de atención egoísta ya no desacoplarán la canción del viento entre las ramas de los lapachos, ni la cálida melodía de las voces amigas que por suerte te acompañan también.

The smell of home-made spaghettis for Sunday lunch surprised him in the middle of his jogging routine. I must be hungry, he thought. Where could he find the closest Italian restaurant that may honor the memory of his mom's love in her delicious Sunday pasta? Nah, he would not find such a place.

No había cómo escaparle al trámite. Tendría que levantarse hasta la cocina y sin que se diera cuenta Eugenia, robarle un poco más de azúcar. El edulcorante en el mate no le da la misma caricia al paladar. Hizo un par de amagues para tomar impulso y al tercero sus rodillas pudieron sostenerlo. Sin llegar a enderezar del todo las piernas, tomó su bastón de aluminio, el tupper amarillo nublado por el uso, y se dirigió a su cometido. Los demás viejos no aparecían por el comedor iluminado por el sol de la siesta. Debían estar encerrados en sus habitaciones o en la sala de video. Y Euge, la enfermera de turno, seguramente estaba profundamente siestando de sentada detrás del mostrador del hall de entrada. Ya en la cocina, cuando pasó por la heladera, vio en el almanaque de Casapan que era domingo y se preguntó si no se habrán olvidado de cambiar la fecha. No podía ser; Jazmín, su sobrina nieta, no había venido a visitarlo. Después de guardar el tarro en su lugar, limpió los pocos granos blancos que habían quedado sobre la mesada. Ya en camino de regreso y al volver a pasar por el almanaque, lo asaltó la duda, y no estuvo seguro si realmente habían pasado varios meses sin ver a Jazmín.

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