La caminata desde el Malba exuda el glamour de la gran manzana sureña. Se respira aristocracia en las coquetas residencias sobre Figueroa Alcorta. Las que están separadas con jardines a la vuelta son palacetes. Las medianeras europeas de principios del siglo XX, presumo, se esconden bajo las enamoradas del muro y otras enredaderas. El azabache lustrado del pavimento amortigua el paso de la marea de automóviles. Los perros de raza son paseados en sus amplias veredas, esquivados por joggers, porteros, empleados de delivery, ejecutivos pegados al celular y algún seguridad aburrido.
La Biblioteca Nacional donde Borges supo pasar largas horas, se levanta sobre una elevación, como un fuerte sobre un risco rodeado de la maleza de edificios en altura. Con su cartel "Fundada por Mariano Moreno", se yergue humilde en este entorno.
A media mañana son los múltiples paseadores de perros los dueños de las plazas. El pasto endurecido huele a humedad en la resolana y los árboles de anchos troncos presumen sus raíces sobre el suelo. Mientras camino bajo las frondas, intuyo sus décadas atestiguando los vaivenes de nuestra historia, siempre definida entre estas calles. Bulle tranquila a mi paso Buenos Aires, absorbo su ritmo en cada poro, y fluyo en la indiferencia de un martes cualquiera...
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