Sunday, May 18, 2008

Luna llena

Hoy me rindo a la melodía de la luna llena. La noche clara como el día se atenúa entre alguna luz de neón y las lámparas halógenas de Laprida. Sin embargo, su brillo plateado se refleja en el piso de cerámica del balcón y baña la entrada de los pisos de madera. Me dejo llevar por la inercia de esta época agitada, pero en el medio está este encuentro con la reina silenciosa. Estoy por salir a ver un musical de Cibrián pero antes me detengo ante la tranquilidad y la paz que emana la guía del paso del tiempo, la que me recuerda que la vida transcurre y no para, la que me dice que debo seguir escribiendo porque de otra manera se haría muy intolerable la rutina y al cabo del tiempo me sorprendería sólo habiendo pasado los días. Con la contemplación de una luna llena que ilumina la ciudad por encima del desconcierto del tráfico y la ansiosa calma de domingo a la noche, siento que estoy viviendo, tomo distancia para ver que estos cinco minutos no han transcurrido inadvertidos, que vivo y que absorbo el espacio y el aire inusualmente cálido de este mayo desconcertante. Mañana seguirá la carrera, más temprano mi atención entera estaba en la carretera, de regreso de Simoca - siempre mirando adelante, al espacio vacío que habría de llenar con mi horma. Pero ahora, la luna me cobija, me recuerda que esta bocanada que me regalo esta noche me ha permitido unos segundos plenos... Entre los ronrones de los pocos motores tranquilos de esta noche, puedo oír los tuquitos y cigarras, y el chirpeo apurado de algún murciélago confundido con la claridad de plata, de calma, de vida.

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