Autista se sintió en su propia burbuja, incapaz de conectarse, de conceder, de abrirse y ser vulnerable ante los ojos de otro. Tomó el último sorbo del cortado y miró el fondo de la taza esperando encontrar algún trazo o alguna señal. Dobló el diario del bar y lo colgó del respaldo de la silla para que otro lo viera disponible. Algún otro autista quizás. Había cierto bullicio en el bar. En el plasma de 42' el tiempo pareció regresar en la guitarra de Santana y la percusión de su banda que sólo llegaban si uno les prestaba atención. En las otras tv, silenciosas, Monastieri buscaba repetir el título de Portschach frente a Ivadesko. Casi todas las mesas estaban ocupadas a esa hora en múltiples conversaciones que se mezclaban con los acordes latinos tan coloridos como poncho guatemalteco o las nuevísimas acuarelas virtuales.
Miró alrededor y pensó que el diario no ofrecía mucho por qué preocuparse ese día. Los crímenes de siempre, la retórica de los políticos, la rectitud del editorial, las cartas moralistas. Sabía que no necesitaría recordar mucho de su lectura del desayuno. Pensó que estando ahora bien despierto y sin tener que apurarse como durante el resto de la semana, podría volver a su lugar y enfrascarse en la preparación de alguno de los proyectos que tenía en mente.
Pagó al mozo su café con leche light, dejando como siempre una generosa propina y salió del bar al concierto discorde del tráfico. Sintió la brisa otoñal de mayo - fresca por primera vez en varios días de humedad y seudo verano. Cuando cruzó San Juan, miró la gente esperando el colectivo, los rostros inexpresivos, lejanos. Pasó la obra en construcción que obstruía la vereda como siempre, y siguió sus pasos hasta dejarse absorber por la entrada a su edificio. Las paredes de mármol carmesí frías, los pisos impolutos de baldosas lacadas, la puerta de entrada con los bronces relucientes y la luz del hall pálida a los ojos acostumbrados al día. Cerró la puerta del ascensor, dio media vuelta y quedó absorto en la imagen del espejo. Era él, sólo que tan arrugado y con unos pocos pelos blanco-amarillentos que parecía una caricatura venida a menos del rostro juvenilejo de una época que le quedó tan pero tan atrás...
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