Mientras doblaba por la plaza y veía cómo los peatones pacientemente esperaban a que los autos pasaran, el sentimiento lo sorprendió. Era una liviandad interna pensar que había con quien añorar el reencuentro. Debía ser de ensueño, pensó, si ese sentimiento se extendiera sin medida de tiempo. Casi como que el día se aplacara y se mirara a toda la gente como seres foráneos y que, cerca o no, influirían casi en nada en el soplo de ese viento fresco que le llenaba los pulmones. El volver a los brazos de alguien puede ser el último alivio a cualquier rutina, sin importar ningún grado de estrés. Recordó la calidez de ese encuentro vespertino, pero en cuestión de una media cuadra regresó de golpe a su lugar en el tránsito embotellado de Laprida.
Sabía que esa tarde había sido sólo un espejismo, que en la forma que lo pensaba no había sucedido. Y aún así, compraba. Se conformó con la intensidad de ese corto tiempo compartido, de alguna caricia furtiva dada en medio del amor casi como accidente. Y jugaba con la idea de que hubiera algo más, de que habría algo más. Quería creer, casi fabulaba autoconvencido. Como los espectadores de una obra, jugaba a que esa tarde lo visto sobre las tablas eran como él lo sintió. Qué va, pensó. Por qué no permitirse la ilusión de ser también uno de los personajes? Después de todo, sí experimentó esa liviandad y el soplo fresco de estar efímeramente conectado. Con qué poco podía llegar a conformarse, masculló. Suspiró profundamente, estaba relajado aún. Al pasar el semáforo, colocó la luz de giro para entrar a su cochera. Por fin en casa, se dijo.
1 comment:
Escribo o no? me quede mirando fija tu alma, la que no siempre dejas ver,la que conozco. y..que escribo? que comento? si lo que quisiera es que hubiese"un abrazo gigante". Pero me quede pensando largo rato y....no estar aca en letras negras haría que tengas otro espejismo. Y mientras dormis, alguien no se olvida de vos esta noche.
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