La neofobia es la fobia a los nuevos alimentos, dice Cormillot. Afuera, algún pajarillo le pone música al flujo constante del agua entubada que puja a través de la compuerta del agua del río Reyes. El hotel incrustado contra la montaña es un paraje alejado. Abajo el lecho pedregoso del río es una profunda hendidura entre majestuosas murallas naturales que se elevan en infinitas tonalidades de verde. Abajo el río libre se desliza tenue y angosto entre las piedras.
Un marco de paz, un desenchufe, un cable a tierra, permitirse el paso de los segundos con la ilusión de asirlos y extenderlos.
Normalmente me mueven a escribir los instantes de tranquilidad. Quizás sea que cada vez que me permito hacerlo es porque pude lograr ese paréntesis, y es entonces inevitable que lo describa. En realidad en parte es el lento ritmo de los latidos, el relax descubierto, pero en gran parte es porque al escribir puedo profundizar esa sensación. Al final, observo que muchas de las entradas en el blog se refieren a momentos así en distintos lugares. Uf, otro de sus momentos de paz, qué plomo, pensará el ojo furtivo.
Sai Baba murió a los 85 años. El gurú indio, se dice, tenía poderes sobrenaturales, un guía espiritual de millones. Aunque triste, una noticia más edificante que la extensa odisea de la periodista Rubio con la nariz rota por un cabezazo artero de su marido frente a su hijo de ocho.
La finitud corporal, un envase que nos entretiene y nos determina hasta dónde podamos evitar que lo haga. Es materia efímera que también nos define. Afortunadamente, hacen lo propio la espiritualidad, la conciencia, los vínculos, la esperanza, y la angustia.
A despertar el día. Felices Pascuas!
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