Tuesday, June 17, 2008

Corrientes subterráneas

El domingo llegué a casa de Marta, saludé a toda la familia. Comenzamos una animada charla de fútbol con don Luis, su hermano, Daniel, y después Santiago y Sebastián. Y no fue sino hasta que vi la tarjeta que le dieron sus mellizas a Seba que recordé que era su día y empecé a felicitar a los padres presentes una hora y media después de haber llegado. Tuve un día de pesadumbre, de achatamiento, a pesar de no haber estado solo en ningún momento.

Hoy después de cantar 'Yesterday' a toda voz cuando volví de mi clase de la facultad, y casi de la nada empecé a repetirle a Bulky las frases que papá solía decirme en la lengua que él inventó para mí cuando era niño y que traducidas al español común significaban "si es mi hijo, es muy mío; si es muy mío, debe ser mi hijo". Las repetía tantas veces que yo ya no sabía qué hacer, en parte contento por la atención que me daba, en parte bufando por lo cargoso. No me animaba a saltarle encima y abrazarlo. Cuando fui adulto, sí lo abracé todo lo que pude. Por suerte.

Y comprendí las increíbles jugarretas de la mente. No até cabos sino hasta hace unos minutos... Uno reacciona de una y otra forma y cree entenderse. Pero sólo después de dos días puedo ver claramente por qué escribí ayer esa narrativa en la que desaparezco... Estaba de duelo otra vez. Por vos, viejo. Estés donde estés. Te quiero y extraño...

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