Sunday, December 28, 2008

Llave devuelta



Se dieron un fuerte abrazo. Ella cerró los ojos con fuerza, su mentón sobre el hombro de él. Cuando reabrió los ojos, los tenía inundados. Él esbozó una sonrisa triste y se abrazaron nuevamente. Se dijeron a la misma vez un par de palabras que ninguno entendió, mientras se turnaban para alternar la mirada hacia los ojos del otro y al piso. Entonces partieron. Ella a paso seguro y elegante cruzó Laprida hacia el oeste. Al llegar a la otra acera, sacó un pañuelo de papel, se secó las lágrimas, y escondió su mirada en las vidrieras sin detener su marcha. Él cruzó Córdoba en dirección sur corriendo para tomar el colectivo que ya comenzaba a andar. Una vez sentado, miró por la ventanilla como atrapado por la vista de las calurosas calles que tan bien había llegado a conocer. Sentía el pecho oprimido y un nudo en la garganta que casi le quitaban la respiración. Metió la mano derecha en su bolsillo y acarició el papel doblado simétricamente tres veces. Ella entró a su edificio y sola en el ascensor dio la espalda al espejo, buscó la llave suelta en su carterilla, apoyó la otra mano sobre la fría pared de acero inoxidable justo arriba del panel de botones, y fijó su vista en la baldosa que sostenía su peso...