Sunday, October 23, 2011

Centro

Un nuevo tiempo se va gestando... Aún en medio de la carrera percibo la diferencia... Como cuando me vuelco a escribir aquí, puedo sostener el instante y encontrar la buena energía del universo... Pasan las anécdotas y mientras comienza a menguar el año, busco redescubrir el horizonte. Y sigo. Si no lo encuentro no es tan importante, porque gravito hacia el aire, el sol, y la piel erizada. La calidez de los que me rodean, lazos firmes que se entrecruzan en una red suave, invitante, siempre ahí... Gracias

Saturday, September 3, 2011

en cualquier momento

los lapachos en flor, un niño corre de un carro a una puerta a recibir una bolsa de plástico de una señora bien vestida, la belleza de una piel suave, tersa en una cara con ojos sonrientes y leales, la siesta del pug desparramado sobre el sofá, el verde intenso de los gajos recién transplantados a la maceta, ... tanta vida nos rodea y qué fácilmente nos olvidamos de encontrar la poesía en ella...

Thursday, May 5, 2011

Sobre el respeto por la diversidad

“Su continua misión: explorar extraños nuevos mundos, buscar nuevas formas de vida y nuevas civilizaciones, viajando temerariamente a donde nadie ha llegado antes.”

Esta misión, podrían pensar Uds., es la que persiguió Colón cuando partió en sus carabelas hacia quién sabía dónde… pero en realidad es una de las frases que el Capitán Kirk en off decía al comienzo de cada episodio de Viaje a las Estrellas, serie hoy más conocida como Star Trek

De alguna manera, hay coincidencias entre los viajes de la expedición del genovés y de la serie estadounidense. Emprendían un viaje sin destino cierto y sin garantía de éxito. Pero lo que me gustaría señalar aquí tiene que ver con el espíritu aventurero de los que se animaron a explorar nuevos mundos. El primero lo hizo en el mundo real aunque el choque de culturas resultó a la postre nefasto para los pueblos originarios de las Américas. Por otro lado, la serie de culto que comenzó en los años 60 resulta una especie de alter ego de la naturaleza humana – el ansia de partir hacia lo desconocido, a buscar nuevas formas de vida, viajando temerariamente… Es la proyección de lo que a muchos nos gustaría hacer, pero que nuestra pequeña vida sólo nos permite imaginar.

Hoy se conmemora el día del respeto por la diversidad cultural, lo cual marca un cambio en el énfasis de este feriado. Se busca revalorizar las culturas originarias de América, tanto en su historia como en su presente. La gran pregunta entonces sería: de qué se trata el “respeto por la diversidad cultural?” La respuesta más cercana que puedo pensar es que se trata de la aceptación y la celebración de las diferencias, o sea, reconocer que otros tienen una visión de la vida y del mundo diferentes a la de uno y no por ello pasarles juicio o sentencia, reconocer que otros tienen valores morales que nacen de su concepción del ser humano, de su idea de espiritualidad y de las enseñanzas de sus antepasados y entender que estos valores pueden no ser los mismos que los de uno.

Entre los personajes del Enterprise como Kirk, Spock, Scott, McKoy, y Sulu de la serie original y Jean Luc Picard, Worf, Data, Dianna Troi de la nueva generación, se entremezclan seres humanos y seres de otros planetas y cada episodio muestra el encuentro con culturas impensadamente diferentes. Cómo hacemos nosotros en la vida diaria para plasmar el respeto por la diversidad?

Una de las grandes enseñanzas de Atticus el abogado y veterano padre de la niña narradora en la novela de Harper Lee Matar al Ruiseñor es que … “debes aprender a ponerte los zapatos del otro y caminar en ellos para comprender por qué hacen lo que hacen.” Esta lección nos habla no tanto de tolerancia, como de la valiosa capacidad de la empatía, de la aceptación del que no comparte mi perspectiva, del que no piensa como yo, del que tiene el color de piel distinto, del que nació en otra nación, del que tiene un peso en la balanza muchísimo mayor o muchísimo menor que yo, del que tiene tanto más dinero o inmensamente menos, del que hace el amor de una manera diferente a la mía, del que es de otro sexo lo cual no denota inferioridad, del que tiene muchísimos más años que yo, del que no reza de la misma forma ni comparte el nombre de mi Dios y sus profetas… y de montones de otras diferencias que Uds. podrían enumerar interminablemente…

Cómo reaccionamos ante lo que no conocemos? Generalmente a la defensiva. Y esto es natural… nos abrazamos a los paradigmas que hemos vivido y buscamos, en la seguridad del dogma, la tranquilidad de que “está todo bien.” El problema es que el mundo, por suerte, está lleno de individuos que piensan más allá y se animan a desafiar el status quo, a pesar de la censura de la sociedad… Gracias a eso, el espíritu aventurero de algunos nos ha permitido evolucionar; gracias a Copérnico, Darwin, Miguel Angel, Galilei, Einstein, y la larguísima lista de notables que contra viento y marea, se animaron a explorar nuevos mundos y llegaron a donde nadie había llegado antes. Sin embargo, fueron rechazados y condenados por sus contemporáneos.

Volviendo a nuestros días y al mundo del celuloide… En los X-men, los héroes son mutantes que han adquirido superpoderes justamente por una mutación genética. Estos jóvenes reclutados por Charles Xavier buscan el apoyo mutuo para enfrentar a una sociedad de humanos que los discrimina y les teme. Entrenados por su líder para enfrentar a los mutantes malos, se debaten entre salvar el planeta, la búsqueda de su identidad y la necesidad de aceptación. A pesar de sus superpoderes, son emocionalmente tan vulnerables como cualquiera de sus contrapartes, los humanos.

Shrek es un ogro que rescata primero y se enamora luego de Fiona. En base a un malentendido, de que nadie podría amar a una bestia tan repugnante, Shrek decide alejarse de Fiona. El creyó que ella se refería a él cuando en realidad se refería a sí misma. Este malentendido es superado gracias al Asno que le aclara los tantos a Shrek. Cuando éste y Fiona terminan juntos, la frase al final de la historia es …”y vivieron feos y comieron perdices”…

Los mensajes aparecen por todos lados, chicos, sin embargo el denostamiento del feo, el rechazo al diferente y el miedo a lo desconocido continúan minando las relaciones y haciéndonos a casi todos en algún momento víctimas de la diferencia...

No es fácil hoy en día soportar a quien no responde a nuestros estándares, porque se nos ha enseñado a conformar, a responder sumisamente. Es difícil admitir que el espíritu reflexivo no se apurará a pasar juicio y dictar sentencia ligeramente, sino que sabrá escuchar, buscará comprender, y pondrá toda su energía para encontrar un campo que podamos compartir para comenzar a entendernos. La reacción a la defensiva, la necesidad de menospreciar, de tirar abajo al que se atreva a buscar nuevos extraños mundos está en la raíz del prejuicio, que se alimenta de la ignorancia.

Si no usás tal marca de ropa no sos nadie, si no vas a tal lugar no sos nada, si no hablás de tal forma y pensás de tal otra no estás IN, estás OUT! Quien se atreve a plantear una exploración de un mundo diferente recibe el reto y la zancadilla sicológica… No te atrevas a alejarte del rebaño, si lo hacés te vamos a castigar con nuestra sorna, nuestra desidia, nuestras bromas, nuestros desaires y nuestra indiferencia… Te vamos a hacer entender desde pequeño la importancia de pertenecer ciega y sumisamente. Así a lo largo del tiempo te transformes en un hombre y una mujer de bien, deliciosamente engrosando la masa que dicta las costumbres y valores.

“La masa de hombres lleva una vida de tranquila desesperación…” nos decía Thoreau en Walden. Y pareciera que la valentía de la exploración de extraños nuevos mundos está destinada a los personajes de Viaje a las Estrellas solamente. De ser así, la serie ha sido tan popular por tantas décadas porque es una proyección de lo que nos gustaría pero no nos atrevemos a hacer… que es llegar a los vericuetos del pensamiento donde nunca hemos llegado antes. Atrevernos a pensar… dejarnos imaginar… y hacer el viaje nosotros mismos… pues para esto no necesitamos el Enterprise…

Y, por sobre todas las cosas, cuánto más importante es dejar que otros piensen, o sea dejar pensar, dejar imaginar, dejar ser… sin sentirnos amenazados…

Creo que de esto se trata el respeto por la diversidad cultural: aprender a vivir y dejar vivir… plenamente…

[Mi discurso en el colegio por el Día de la Diversidad, 12 de Octubre 2010...]

Un día de verano

De noche el cielo tucumano es una chacarera bailada rabiosamente con destellos de luz, sonido, y fuegos de artificio; la enmarca una oleada de lluvia que baja como aplausos con fuerza hasta el amanecer, inundándonos con un manto fresco de juerga, solaz y asombro. De día es una zamba en trance con gaucho y china entrelazados, soplándose frescura y resolana sofocante... La seducción dura hasta que el sol se esconde tras los cerros, y transformados en uno explotan nuevamente, empapados en una segunda picante, esplendorosa...

Tuesday, April 26, 2011

Palabras (II)

Se disponía a comerse las frutas que se había servido en el buffet del desayuno - papaya, piña, melón y sandía. Por el rabillo del ojo observó que el muchacho de la pareja en la mesa junto al ventanal lo había descubierto. Se preguntó cómo lo veía este joven, pues era la suya una imagen intrigante: un tipo sesentón, erguido y aplomado, que guardaba los modales señoriales en su mesa para uno, con la sola compañía de dos cuadernos de tapa blanda y negra cuidadosamente ubicados en la esquina más distante de la mesa. El tenedor con la medida justa de piña con papaya iba hacia su boca que esperaba serena e inmutable el trámite. Sería una semana, sólo siete días de relax, sol suave, mar azul profundo, arenas blancas, lectura, y hermosos cuerpos en la playa. ¿Qué más podía pedir para una escapada en pleno invierno? Cuando volvió a levantar la mirada del jugo de las frutas, observó que el joven volvía a su mesa con un plato exuberante de huevos revueltos, zanahorias, papas, y algo oscuro de la sartén, quizás tocino o salchichas. Lo miró y se saludaron. Quizás los invite a una partida de ajedrez o rummy si en algún momento los observa en la playa aburridos y dispuestos, pensó. Dejó los cubiertos sobre la mesa, se limpió los labios con la servilleta, y se sirvió un trago de su licuado de banana.
El "buenos días" entrecruzado en el desayuno ese día fueron al cabo las únicas palabras que esbozó en toda esa semana, además del "gracias" infinitamente dirigido a los mozos. Nunca encontró momento oportuno para entrar en una conversación siquiera incidental con esa pareja ni con ningún otro huésped del hotel. Entonces fue cuando lo asaltó la idea. Fue una epifanía como pocas había tenido en su vida. Comenzó a darse cuenta de que después de todo no necesitaba más de cuatro o cinco palabras para subsistir. Lo practicó a la perfección esa semana, y lo perfeccionó a lo largo de los meses posteriores a esa vacación de regreso a su departamento de San Telmo.
A los dos años ya había aprendido a reemplazar esas pocas palabras con gestos. Y así de a poco, el lenguaje para él se vio reducido a texto sobre una página. Estando fuera de su casa, leía. Leía de garrón los periódicos locales en el café de la esquina adoquinada donde los mozos sabían qué servirle, sin necesidad de cruzarles más que un golpe de cabeza con el índice levantado. Y al toque partía el acostumbrado pocillo de expreso con cognac. Luego partía por las calles en búsqueda de algún otro café o plaza. Buscaba un asiento limpio, discretamente ubicado al lado de una ventana, tranquilo y ordenado, preferentemente sin mucha gente. En lo posible evitaba el bullicio de las multitudes. Una vez que encontraba un rincón así se pasaba horas devorando literatura fundamental y de la otra.
Al mediodía o ya en las primeras horas de la siesta, regresaba a casa y, como contrapartida a la mañana, sentía cumplir su cometido social a través de la escritura. Dedicaba su tarde a la exploración de mundos y personas que imaginaba o que sólo en parte existían. En su ritual, cursaba las páginas en blanco profusamente, en tinta negra y elegante caligrafía - a la vieja usanza. Las pantallas de ordenadores, celulares y cámaras fueron hasta el último de sus días un enigma infranqueable para él. Y de cada lugar que visitaba, se llevaba cuadernos y lapiceras como souvenires.
Cuando salía a dejar la basura, sus vecinos en el edificio aprendieron a responder a su amable gesto de saludo con la cabeza y la sonrisa. Era el personaje extraño que no faltaba en ninguna vecindad, aunque esto a él parecía importarle poco.
Al morir de viejo, se enteraron que había dejado su apartamento y sus pocas posesiones para una fundación de atención a los chicos de la calle. Y dentro de su apartamento encontraron una increíble colección de poesía y prosa escrita de su puño y letra en cuadernos sin renglones que en pilas hasta el techo y en montículos por doquier cubrían el piso de su dormitorio, la sala, su estudio y la cocina.

Sunday, April 24, 2011

Termas de Reyes

La neofobia es la fobia a los nuevos alimentos, dice Cormillot. Afuera, algún pajarillo le pone música al flujo constante del agua entubada que puja a través de la compuerta del agua del río Reyes. El hotel incrustado contra la montaña es un paraje alejado. Abajo el lecho pedregoso del río es una profunda hendidura entre majestuosas murallas naturales que se elevan en infinitas tonalidades de verde. Abajo el río libre se desliza tenue y angosto entre las piedras.

Un marco de paz, un desenchufe, un cable a tierra, permitirse el paso de los segundos con la ilusión de asirlos y extenderlos.

Normalmente me mueven a escribir los instantes de tranquilidad. Quizás sea que cada vez que me permito hacerlo es porque pude lograr ese paréntesis, y es entonces inevitable que lo describa. En realidad en parte es el lento ritmo de los latidos, el relax descubierto, pero en gran parte es porque al escribir puedo profundizar esa sensación. Al final, observo que muchas de las entradas en el blog se refieren a momentos así en distintos lugares. Uf, otro de sus momentos de paz, qué plomo, pensará el ojo furtivo.

Sai Baba murió a los 85 años. El gurú indio, se dice, tenía poderes sobrenaturales, un guía espiritual de millones. Aunque triste, una noticia más edificante que la extensa odisea de la periodista Rubio con la nariz rota por un cabezazo artero de su marido frente a su hijo de ocho.

La finitud corporal, un envase que nos entretiene y nos determina hasta dónde podamos evitar que lo haga. Es materia efímera que también nos define. Afortunadamente, hacen lo propio la espiritualidad, la conciencia, los vínculos, la esperanza, y la angustia.

A despertar el día. Felices Pascuas!

Saturday, April 23, 2011

Mate dulce

El sopor y el silencio coloreados por ocasionales graznidos de teros lo mantuvieron absorto, con la mirada perdida en el recorte desdibujado del cerro, sobre un cielo celeste claro, limpio de nubes pero agrisado por la bruma y su avanzada presbicia. En el balcón bañado de sol que sólo a él acogía, el viejo pareció salir del trance cuando frunció el entrecejo e intentó en vano descifrar los detalles de la copa de los árboles en el lomo del cerro San Javier. No llegaba a distinguir más que un contorno elusivo que se confundía con el fondo abovedado, hoy de un celeste pálido.
Y bueno, será el aire viciado de Tucumán en plena siesta de primavera seca, se dijo. Entonces, miró más cerca, a su alrededor, y por un par de segundos pareció redescubrir el lugar. La baranda de metal, suavizada por el tiempo y la caricia de varias generaciones de viejos como él; la mesa de madera maciza, el mate de palosanto, y la pava de aluminio, abollada, con la base oscurecida por el brasero del invierno. Entonces recordó qué estaba por hacer. Cuando quiso leer la hora de su muñeca, la vista volvió a nublársele. Se resistía a colgarse los anteojos como apéndice constante, como castigo de los años, o rótulo de otra invalidez. Debió dejarlos en la mochila del baño o en la mesita de luz de su cuarto. Sacó su celular del bolsillo y aunque no podía distinguir los números y letras tanteó marcar igual para llegar a una voz cálida y reaseguradora. Pero nuevamente entró la impersonal contestadora automática en lugar del tono de llamado.
Qué extraño, pensó. Intentó varias veces con el mismo resultado y, frustrado, se lo guardó nuevamente en el bolsillo. Se preguntó resignado si tantas llamadas fallidas le quitarían parte del acotado crédito mensual del celular usado que su hermana le había hecho llegar en su último cumpleaños. ‘Inventan cosas que no sirven para nada,’ se escuchó decir. Volvió a la mesa, se sentó despacio, tomó el mate entre sus dedos huesudos, largos, con las falangetas hinchadas por la artritis, lo observó por unos instantes y pareció encontrar su propósito.
El edulcorante en el mate no le da la misma caricia al paladar, pensó.
No quedaba más remedio que levantarse, visitar con sigilo la cocina y sin que se diera cuenta Eugenia, robarle un poco de azúcar. Hizo un par de amagues para tomar impulso y al tercero sus rodillas pudieron sostenerlo. Sin llegar a enderezar del todo las piernas, tomó su bastón de aluminio y se dirigió a su cometido. Los demás viejos no aparecían por el comedor iluminado por el sol de la siesta. Debían estar encerrados en sus habitaciones o en la sala de video o en caminatas por el patio. Lalo, su amigo de siempre, se había internado otra vez en su cuarto después del almuerzo. En los últimos días se le había dado por rezar compulsivamente, enclaustrado y por horas. Extrañaba jugar al Chin-chón con él, el único juego de naipes que su amigo conocía.
Tan inútil este Lalín para esas cosas y ahora cagado en las patas desde las últimas arritmias, pensó con una vaga mueca resignada. Él no podía rezar. Las fórmulas aprendidas de niño se le ocurrían ecos repetitivos. Cada tanto, en días de ansiedad buscaba solacio en el automático rejuntado de frases ancestrales, pero invariablemente a él no le hacían diferencia. En eso envidiaba a su amigo.
Pasó por el comedor y a partir de ahí tendría que esforzarse para no hacer ruido. No debía despertar a Euge, la enfermera de turno, que seguramente dormitaba boquiabierta y de sentada detrás del mostrador del hall de entrada. Ya en la cocina, cuando pasó por la heladera, vio en el almanaque de Casapán que era domingo y se preguntó si no se habrían olvidado de cambiar la fecha. No podía ser; Francisca, su sobrina nieta, no había venido a visitarlo esa mañana. Después de guardar el tarro en su lugar, limpió los pocos granos blancos que habían quedado sobre la mesada. La preciosa carga blanca sustraída yacía entre sus manos en el viejo taper de Yamil que había encontrado entre los vasos. Donde estaba Yamil ya no le importaría que él lo usara. Se dio media vuelta y al enfrentarse nuevamente al almanaque, lo asaltó la duda, y no estuvo seguro si realmente habían pasado sólo un par de semanas desde que Francisca lo vino a ver con media docena de medialunas.
Dubitativo pero satisfecho por lograr lo que buscaba, con su mano izquierda sujetó contra su pecho el pote de plástico translúcido y nublado por el uso, y emprendió su regreso al balcón.
Ojalá el agua no se haya enfriado mucho, pensó. Recordó entonces a su padre que de niño le había enseñado cómo cebar mates con el agua casi hirviendo, como a él le gustaban, sin cortar la yerba. Si hubiera podido estar allí, no le habría hecho buena cara al sorber un mate tibio.
Se sentó en la silla con posa-brazos y se aprestó al ritual de la infusión. Las tardes en el lugar eran similares. Lo único que siempre cambiaba era el cielo. Al menos en esta etapa de su vida, había aprendido a apreciar los tonos caprichosos de las nubes, despaciosas visitantes, siempre presentes desde el tímido nacimiento del sol con el perfecto degradé de naranja en el horizonte hasta un azul marino profundo en el firmamento. Se había sentido acompañado cada día y cada noche. En la quietud nocturna sólo interrumpida por los grillos, algún ladrido callejero y los lejanos motores de la ruta, había descubierto las infinitas formas, fases y figuras cambiantes de la luna, viajera incansable entre el terciopelo infinito y el espolvoreado manto gris de lejanía sobre el cerro enmudecido.
Cubrió de blanco la yerba que ya tenía el mate. Luego vertió el agua sobre la bombilla. Dejó la pava sobre la mesa y bailoteó la bombilla alrededor del borde. La espuma espesa y verdosa significaba que la temperatura era aún aceptable, y el tenue aroma agrio de la yerba se le coló por las ventanas de la nariz. ‘Un mate perfecto,’ dijo, y pensó en la imagen complacida de su padre. Succionó despacio el primer sorbo para saborearlo detenidamente, mientras devolvía su mirada al lejano contorno borroso de los cerros.

Monday, March 21, 2011

somnoliento

Tu voz acaricia notas
lecho de río, agua fresca de montaña
helechos bendecidos de rocío