Planeta Tierra, Sudamérica, Argentina, Tucumán... Si algún compatriota de mi planeta me escucha, por favor envíenme la nave salvadora... O bien, alguna pastilla que me intoxique como lo buscan los humanos con los que convivo y así no vea lo que para todo el mundo está perfectamente bien.
Mis alumnos parten esta tarde a Bariloche, justo en las estrechas dos semanas más ocupadas para completar las mini-monografías para el Bachillerato Internacional. El motivo de que hayan decidido irse en una época tan inconveniente desde el punto de vista académico es que conseguían mejores precios a los de julio, que es cuando tienen sus vacaciones de invierno. Aún cuando se les pondrá falta injustificada, ellos igualmente "presupuestaron" sus ausencias para llegar a este punto, de manera que después del viaje les tocará la re-incorporación que les otorga un número extra de posibles faltas hasta fin de año. Ahora bien, el colegio les quitó el apoyo logístico. La institución ya no es cómplice del supuesto "viaje de estudio". Por lo tanto, el grupo va con padres -no sé bien si uno, dos, tres, cuatro, o más. Así, la tradición Bariloche se mantiene intacta.
Para los chicos este viaje es el centro de su experiencia y de su existencia en el último año de secundaria. Es la ocasión para distenderse, relajarse, divertirse juntos antes de emprender el largo camino del "mundo real" que supuestamente comenzará cuando vayan a la universidad. El síndrome de la separación, de la terminación de una etapa de la vida desaparece en esta cultura a través de una experiencia que los une más. Los chicos y chicas pasan momentos inolvidables y construyen juntos memorias que atesorarán por el resto de sus vidas. Bariló marca así un rito de pasaje, de culminación y de iniciación.
Durante las noches de boliche -y, quién sabe, durante otros momentos del día- el consumo de alcohol es admisible ya que no hay padre que ignore que es una de las causas más atractivas de esta experiencia. Los chicos beben, así se divierten. Prima el desenfreno. Se legaliza otro rito de iniciación a través de la intoxicación, festejada por los amigos, ignorada por los adultos "en tanto y en cuanto no cometan algún desbarajuste que amenace la integridad física propia o la de otros." Son varios días así - de ahí su carácter de inolvidable. En EEUU, este desenfreno se da en las "graduation parties" o fiestas de graduación que se llevan a cabo generalmente en el domicilio particular de los estudiantes, y por supuesto no es una sola sino que varios chicos del mismo grupo celebran la propia, por lo cual suele darse una especie de cadena de festejos. En estas fiestas corre el alcohol sin límite. Por este motivo, la costumbre es que o bien sean llevados y traidos por sus progenitores u otros adultos designados, o que lleguen en su auto y entreguen las llaves al dueño de casa, dispuestos a quedarse hasta el otro día para evitar posibles accidentes en las calles o rutas. Aparentemente es muy necesario este rito, así como lo ha sido el carnaval desde tiempos inmemoriales. Los adultos observan esta necesidad de los aún adolescentes menores de edad que viven así un supuesto ingreso al status de adulto.
Obviamente cuando pienso en estos ritos bárbaros, me pregunto de qué planeta soy. Y es entonces cuando me siento inmensamente más viejo de lo que ya estoy. Será porque en mi propia experiencia, obviamente otra generación, otra comunidad, otras vivencias, otra época, no necesitamos emborracharnos para sentirnos adultos, y no había ninguna mística Bariló aún. Hoy hace falta y los adultos la aceptan. Y los esfuerzos de los más grandes se canalizan en tratar de crear redes de contención para que los más chicos cometan sus excesos sin dañarse ni dañar a otros. Trato enormemente de comprender esta necesidad de desenfreno, a pesar de que sigo también convencido de que esta tradición es muy bien mantenida por quienes ganan mucho dinero a través de ella, léase agencias de viaje, compañías de cerveza, etc. No deja de sorprenderme la profesionalidad de los entrenados coordinadores de las agencias, los chicos cool que celebran el culto al alcohol detrás de la inolvidable sensación de estar todos abrazados esbozando una lágrima compartida por el tiempo que estuvieron juntos y que no se repetirá.
Me pregunto si esta experiencia ya culturalmente aceptada es apropiada. Este punto de aceptación de la sociedad de estos rituales es común entre individuos de toda clase social, ideología política, o religión profesada. Por lo menos, en el caso del colegio, la institución no se hace cómplice dándole el nombre y plasmando la mentira del viaje de estudio. Aún así, es tan fuerte la costumbre que las agencias de viaje con la complicidad de los padres decidieron que yo haya pasado dos días seguidos con migraña por estar tres horas primero y dos más tarde en un mismo día, ininterrumpidamente corrigiendo trabajos escritos para que los chicos puedan irse algo más tranquilos a emborracharse en paz en Bariló.
No puedo evitar sentir que estamos todos locos. Donde está mi nave para que me lleve a casa? Estos seres de aquí me hacen sentir la diferencia a pesar de que en apariencia me veo un poco como ellos. Pero cuando observo lo que ocurre en determinadas situaciones, el extraterrestre en mí queda azorado con humanos ojos tan abiertos de asombro y espanto que sólo mi esfuerzo por comprender me lleva a bajar la cabeza y esconder mi confusión. Quizás alguien, por favor, pueda explicarme mejor qué está ocurriendo... Bienvengo comentarios que me ayuden a ver más claramente...